
Vinos en tinajas de barro y roble: tradición y autenticidad
Juntos, estos métodos ancestrales crean una experiencia vinícola inigualable.
Nuestros robles: la elección perfecta para cada vino
Trabajamos con dos tipos de roble: francés y americano, seleccionados cuidadosamente según el destino y el tiempo de crianza que deseamos para cada vino. Sabemos que nuestros vinos de páramo no se benefician de una influencia excesiva de la madera; por eso, buscamos un equilibrio perfecto entre el roble y la uva.
Roble Americano
El roble americano se utiliza para suavizar astringencias y aportar notas de coco, vainilla, ahumados y frutos secos. Este tipo de madera es ideal para nuestra Tinto Fino, ya que permite un intercambio de oxígeno moderado y un tostado medio que complementa perfectamente la frescura y la intensidad de nuestros vinos.
Roble Francés
El roble francés, con un grano más fino, es perfecto para largas crianzas. Sus barricas aportan notas especiadas, balsámicas, vainillosas y lácteas, lo que brinda una textura aterciopelada en boca. Utilizamos el roble francés tanto de manera individual como en ensamblaje con el roble americano, lo que nos permite conseguir vinos de gran sutilidad, longevidad y una mayor complejidad aromática.
Ambos tipos de roble se mantienen en nuestras barricas durante 4 a 5 años, y su acción química permite una integración perfecta entre los taninos y los antocianos, responsables de la estructura y el color de nuestros vinos.

El barro: una tradición natural y única
El barro ha sido utilizado durante siglos en la elaboración y conservación del vino, respetando su pureza y realzando sus cualidades naturales. Nuestras tinajas, hechas con arcillas seleccionadas de Italia y España, permiten una microoxigenación ideal, aportando frescura, estructura y una expresión auténtica del terroir.
Terracota Italiana (2018)
El uso de barricas de barro es un proceso ancestral que aporta una pureza inigualable a nuestros vinos. Las tinajas que empleamos, de terracota italiana, no deben confundirse con las ánforas, ya que no tienen asas. Estas tinajas son únicas y no tienen igual. Originarias de la región de Impruneta, al sur de Florencia, las arcillas de esta zona, mezcladas con arena, cuarzo y feldespato, proporcionan una composición ideal para el intercambio de oxígeno controlado.
El proceso de cocción a temperaturas inferiores a 750 grados mejora el intercambio de oxígeno y optimiza la microoxigenación de nuestros vinos.
Barro Manchego (1894/1916)
El barro manchego, originario de Talavera de la Reina, se utiliza para crear tinajas que permiten una mayor interacción con el vino. Este barro, de menor temperatura de cocción, presenta poros más abiertos, lo que contribuye a una maduración más rápida. Al igual que con las tinajas italianas, estas son tratadas con ozono para evitar contaminaciones y asegurar la pureza en el proceso.
Este proceso milenario, combinado con el uso de ozono y una crianza sostenible, garantiza que cada vino producido en nuestras tinajas ofrezca una experiencia auténtica y única en cada copa.
